Los Bechers fotografiaban dichos edificios industriales siguiendo unas pautas concretas con un rigor cuasi científico, como una lección de anatomía. Situaban una cámara en un punto elevado en la toma de sus imágenes. Para evitar sombras empleaban una luz difusa dejando abierto el objetivo durante un largo tiempo de exposición de forma que no apareciese ninguna figura humana.
El uso del blanco y negro les permitió dar una apariencia escultórica a los distinto edificios o estructuras, y obtener en el conjunto de imágenes una abstracción que resultó ser un hito en la fotografía contemporánea.


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